Reflexiones sobre el apagón humano desde nuestra visión sostenible

Han pasado ya dos semanas desde el fallo eléctrico que afectó a buena parte de la población. No vamos a repetir los titulares, ni a alimentar los bulos que se multiplicaron más rápido que la luz en volver. Desde AV Turismo e Innovación Social decidimos hacer lo que mejor sabemos: detenernos, respirar, observar… y rumiar.

Sí, rumiar. No solo porque nos gusta hacerlo con los aprendizajes, sino porque creemos que en la pausa habita la claridad. Y en este caso, la claridad no la aportaron las redes ni los titulares. Nos la trajo la reacción humana, la capacidad de nuestro equipo, de nuestros huéspedes y de nuestros colaboradores para, en su mayoría, adaptarse, sostenerse y cuidar.

Equipo de AV Turismo e Innovación Social durante el apagón humano

El lado invisible del trabajo visible

En momentos de crisis no solo importa lo que se ve. Hubo un equipo presente sobre el terreno, resolviendo incidencias con los recursos disponibles, ofreciendo alternativas, gestionando cambios, tranquilizando a quien lo necesitaba. Pero también hubo un equipo en las sombras que desde otras ciudades, desde los propios apartamentos o incluso desde sus casas, hizo lo imposible para asegurar que todo el engranaje humano y operativo siguiera funcionando.

Intentamos que todas las personas que forman parte de nuestro ecosistema estuvieran bien:

– Los huéspedes que estaban alojados en nuestras viviendas.

– Las personas que llegaban o se marchaban esos días.

– Los colaboradores que tenían que desplazarse a trabajar o que estaban viviendo procesos personales importantes.

– Los compañeros que necesitaban sentir que alguien velaba por ellos, aunque no se viera.

Este post no es para hablar de lo técnico. Es para agradecer lo humano. Y para compartir cómo incluso en la incomunicación, cuando el wifi y los móviles dejaron de funcionar, la comunicación esencial siguió viva: la del cuidado mutuo.

Bienestar es también presencia en lo difícil

Desde AV Turismo e Innovación Social trabajamos cada día con una mirada de sostenibilidad, pero no solo ecológica o económica. Hablamos de sostenibilidad vital, emocional y comunitaria. Y este apagón nos recordó que tenemos que estar interconectados no solo por cables y satélites, sino por vínculos, por responsabilidad, por atención.

Fue una lección inesperada pero valiosa:

– Nos recuerda que el bienestar no siempre se construye en entornos perfectos sino en cómo respondemos ante lo imperfecto.

– Nos reafirma en que innovar no siempre es hacer más, sino hacer lo mejor con lo que se tiene.

– Y nos reconecta con la esencia de lo que hacemos: poner a las personas en el centro, incluso en la oscuridad.

Gracias por la luz

Gracias a quienes estuvieron al pie del cañón.

Gracias a quienes estuvieron en la trastienda del esfuerzo.

Gracias a quienes confiaron.

Gracias a quienes preguntaron: “¿Estás bien?” cuando nadie podía contestar de inmediato.

Y gracias a quienes ahora, leyendo esto, entienden por qué nos tomamos nuestro tiempo para escribirlo.

A veces, la mejor respuesta no es la más rápida, sino la más humana. Y aquí estamos. Luz encendida, procuremos que el corazón también.